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LA LENGUA CELTÍBERA
La
escritura celtibérica, es la adaptación casi directa de la
escritura ibérica nororiental a las
particularidades de la
lengua celtibérica. Es decir, es la
adaptación de un sistema de escritura de origen fenicio, adaptado en
Hispania para la escritura de lenguas no indoeuropeas, como el
ibérico, para escribir textos en una lengua de la familia
indoeuropea, concretamente céltica: el celtibérico. El signario
básico está formado por 26 signos, en lugar de los 28 del
signario
ibérico nororiental
original, puesto que se elimina una de les dos
vibrantes y una de las tres nasales: cinco vocales, 15 silábicos y 6
consonánticos (una lateral, dos sibilantes, una vibrante y dos
nasales). El signo que en ibérico se transcribe como
"s"
se suele transcribir en celtibérico como "z"
porque en ocasiones parece representar el resultado fricativo de una
antigua oclusiva dental, mientras que el signo que se transcribe
como "s´" en
ibérico se transcribe como "s"
en celtibérico. El signario celtibérico tiene dos variantes
diferenciadas por los valores de los signos nasales: en la variante
oriental la nasal eliminada es la que en ibérico se identifica con
"m´",
mientras que en la variante occidental la nasal eliminada es la que
en ibérico se identifica con "m",
circunstancia que se interpreta como prueba de un doble origen.
Además, cabe destacar que algunas de las inscripciones de la
variante occidental presentan indicios de uso del sistema dual que
permite diferenciar los silabogramas oclusivos dentales y velares
sordos de los sonoros con un trazo añadido: la forma simple
representa la sonora y la forma compleja la sorda. Sobre este
aspecto ha trabajado mucho y bien el profesor Carlos Jordán Cólera
de la Universidad de Zaragoza.
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Bronce de
Luzaga |
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Esta escritura, al igual que su modelo, se
escribe de izquierda a derecha y su ámbito natural de uso es la
valle del
Ebro y las
cabeceras del Tajo
y
Duero que
corresponden al territorio de los
celtíberos. Las inscripciones celtibéricas
aparecen sobre soportes muy variados (monedas de plata y bronce,
tésseras de plata o bronce, plaquetas de bronce, cerámicas de barniz
negro, ánforas, fusayolas, placas de piedra, incluso en plomo
últimamente, etc.), pero no superan los dos centenares, aunque
alguna de ellas es excepcionalmente larga como el tercer
bronce de Botorrita
(Zaragoza)
con más de tres mil signos que contiene un tipo de censo de
aproximadamente 250 personas. Los contextos arqueológicos de la
mayoría de inscripciones son desconocidos, circunstancia que no
permite precisar excesivamente la cronología real de uso de este
signario, aunque su uso en monedas es claro en los siglos
II y
I adC.
El celtibérico es
una lengua indoeuropea de la familia lingüística céltica, y que
conocemos por inscripciones indígenas procedentes de una zona de la
Península Ibérica en la región de las cabeceras de los ríos Duero,
Tajo, Turia, Júcar y el curso medio del Ebro. Es un territorio
habitado, según las fuentes romanas, por los belos, los titos, los
lusones y los arévacos. También pueden incluirse a los pelendones e
incluso a los vacceos. En lo referente a la lengua quizá debamos
añadir aquí a los berones y parcialmente incluso a los carpetanos.
Los pueblos hacia el noroeste, como túrmogos, várdulos o cántabros e
incluso vascones pueden haber hablado lenguas o dialectos próximos.
Los testimonios de la
lengua son relativamente escasos y proceden de los siglos II y I a.
C. Carlos Jordán ha señalado que conoceremos unas mil palabras,
aunque la mayoría procede del campo de la onomástica (antroponimia,
etnonimia y toponimia), con lo que hay muchas repeticiones y simples
derivaciones de otras palabras.
En cualquier caso es la
lengua céltica antigua de la que disponemos de textos más
suculentos, particularmente los procedentes de Botorrita. Es
evidente para los estudiosos que el celtíbero es una lengua
indoeuropea de la familia lingüística céltica. Es celta continental,
como el galo, pero constituye un grupo dialectal totalmente al
margen de éste, que está por otra parte, muy próximo al britónico,
una de las dos variedades del celta insular (siendo la otra el
goidélico). Es celta "Q", es decir, comparte con el goidélico el
arcaísmo de mantener inalteradas las labiovelares sordas del
indoeuropeo. El britónico, el galo y el lepóntico del norte de
Italia las han transformado en labiales.
Aunque la relación
dialectal interna entre las lenguas de la familia se discute en el
detalle, lo que nadie pone en duda es que el celtíbero comparte
innovaciones evidentes con las demás. Rasgos lingüísticos como el
anómalo de la pérdida de –p- en posición inicial e intervocálica que
hemos de considerar conditio sine qua non para la
consideración como céltica de una lengua.
En diferentes aspectos
se aprecia que los hablantes de celtíbero se debieron alejar del
resto de hablantes de celta en época particularmente temprana. Sin
duda algo semejante sucedió también con los primeros hablantes de
celta que llegaron a Irlanda. El protogoidélico, como el
protoceltíbero, conserva arcaísmos particularmente llamativos. Si
nos atenemos al criterio de las áreas laterales esto es
particularmente razonable. En un continuum lingüístico, las
innovaciones se producen en ondas concéntricas como cuando arrojamos
una piedra en un charco. Cuando más alejados hacia los márgenes
estemos, más difícil es que nos alcancen.
Juan Luis García
Alonso
Titular de Filología
Griega
Universidad de
Salamanca
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