Los celtas participan de una "Lengua Madre" común. Se define como lengua Indoeuropea y es el origen del 40% de las lenguas que se hablan en el mundo.

 

Distribución cronológica de los pueblos celtas:
     Centro del territorio de la cultura de Hallstatt (en el siglo VI a. C.)      Máxima expansión celta (en el siglo III a. C.)      Las seis naciones celtas que conservaban un número significativo de hablantes de lengua celta (al inicio de la Edad moderna)      Áreas donde las lenguas celtas son ampliamente habladas en la actualidad

Los llamados "Celtas de Iberia" trajeron consigo su propia cultura, su propia organización social y su propia lengua pero, entre otras cosas, de los pobladores iberos tomaron su alfabeto para plasmar sus expresiones dialectales y oficiales, como se evidencia en sus téseras de hospitalidad y en sus cecas numismáticas. Esta influencia se materializa a través del alfabeto Ibero-nororiental. En las muestras celtibéricas -en torno a las trescientas- se observan también ligeras variaciones de acuerdo a la zona de donde se recogen las muestras, por lo que no se puede asegurar una homogeneidad en su morfología. Las referencias más representativas nos remiten al Bronce de Botorrita y al de Luzaga.

 

Ante el arduo trabajo que se les presenta, los lingüistas intentan descubrir la clave de la conexión entre las lenguas indígenas preindoeuropeas, las de origen norteafricano - como el ibero- o las lenguas celtas, con la problemática añadida de que son lenguas desaparecidas y en desuso, pero que han dejado tras de sí un fascinante puzzle de topónimos, etnónimos y vocablos.

 

La referencia más remota, viva e inconexa, de las lenguas peninsulares es el vascuence. Esta lengua, que también adoptó el alfabeto ibero en su primeras manifestaciones, supone una referencia obligada para quienes buscan la clave sobre los orígenes de las lenguas peninsulares. De acuerdo a esta ligazón, hay quienes la consideran autóctona superviviente del neolítico, quienes relacionan directamente el vascuence con el ibero, y quienes lo relacionan con la lengua celtíbera.

 

Desde las primeras oleadas celtas hasta su posterior latinización transcurrieron al menos setecientos años. El hecho, constatable, de que los celtas acabaran utilizando el alfabeto ibero para su propio uso, al mismo tiempo que intercambiaban otras funcionalidades y costumbres, nos hace intuir que hubo al mismo tiempo un intercambio de sonidos y de expresiones que iban más allá de la mera vecindad. Y es esta fusión la que llama la atención de los escritores e historiadores romanos aunando a estos pobladores bajo el concepto de Celtiberia.

 

Recogemos información al respecto en nuestra BIBLIOTECA y a través de enlaces en Internet:

 

 

 

 

 ESCRIBIR EN CELTÍBERO (Instala esta fuente para escribir en celtíbero)

 

 

 

 

 

 

 

Bronce de Botorrita

 

 

 

LA LENGUA CELTÍBERA

 

La escritura celtibérica, es la adaptación casi directa de la escritura ibérica nororiental a las particularidades de la lengua celtibérica. Es decir, es la adaptación de un sistema de escritura de origen fenicio, adaptado en Hispania para la escritura de lenguas no indoeuropeas, como el ibérico, para escribir textos en una lengua de la familia indoeuropea, concretamente céltica: el celtibérico. El signario básico está formado por 26 signos, en lugar de los 28 del signario ibérico nororiental original, puesto que se elimina una de les dos vibrantes y una de las tres nasales: cinco vocales, 15 silábicos y 6 consonánticos (una lateral, dos sibilantes, una vibrante y dos nasales). El signo que en ibérico se transcribe como "s" se suele transcribir en celtibérico como "z" porque en ocasiones parece representar el resultado fricativo de una antigua oclusiva dental, mientras que el signo que se transcribe como "s´" en ibérico se transcribe como "s" en celtibérico. El signario celtibérico tiene dos variantes diferenciadas por los valores de los signos nasales: en la variante oriental la nasal eliminada es la que en ibérico se identifica con "", mientras que en la variante occidental la nasal eliminada es la que en ibérico se identifica con "m", circunstancia que se interpreta como prueba de un doble origen. Además, cabe destacar que algunas de las inscripciones de la variante occidental presentan indicios de uso del sistema dual que permite diferenciar los silabogramas oclusivos dentales y velares sordos de los sonoros con un trazo añadido: la forma simple representa la sonora y la forma compleja la sorda. Sobre este aspecto ha trabajado mucho y bien el profesor Carlos Jordán Cólera de la Universidad de Zaragoza.

 

 

 

 

 

 

 

 

Bronce de Luzaga

Esta escritura, al igual que su modelo, se escribe de izquierda a derecha y su ámbito natural de uso es la valle del Ebro y las cabeceras del Tajo y Duero que corresponden al territorio de los celtíberos. Las inscripciones celtibéricas aparecen sobre soportes muy variados (monedas de plata y bronce, tésseras de plata o bronce, plaquetas de bronce, cerámicas de barniz negro, ánforas, fusayolas, placas de piedra, incluso en plomo últimamente, etc.), pero no superan los dos centenares, aunque alguna de ellas es excepcionalmente larga como el tercer bronce de Botorrita (Zaragoza) con más de tres mil signos que contiene un tipo de censo de aproximadamente 250 personas. Los contextos arqueológicos de la mayoría de inscripciones son desconocidos, circunstancia que no permite precisar excesivamente la cronología real de uso de este signario, aunque su uso en monedas es claro en los siglos II y I adC.

 

El celtibérico es una lengua indoeuropea de la familia lingüística céltica, y que conocemos por inscripciones indígenas procedentes de una zona de la Península Ibérica en la región de las cabeceras de los ríos Duero, Tajo, Turia, Júcar y el curso medio del Ebro. Es un territorio habitado, según las fuentes romanas, por los belos, los titos, los lusones y los arévacos. También pueden incluirse a los pelendones e incluso a los vacceos. En lo referente a la lengua quizá debamos añadir aquí a los berones y parcialmente incluso a los carpetanos. Los pueblos hacia el noroeste, como túrmogos, várdulos o cántabros e incluso vascones pueden haber hablado lenguas o dialectos próximos.

 

Los testimonios de la lengua son relativamente escasos y proceden de los siglos II y I a. C. Carlos Jordán ha señalado que conoceremos unas mil palabras, aunque la mayoría procede del campo de la onomástica (antroponimia, etnonimia y toponimia), con lo que hay muchas repeticiones y simples derivaciones de otras palabras.

 

En cualquier caso es la lengua céltica antigua de la que disponemos de textos más suculentos, particularmente los procedentes de Botorrita. Es evidente para los estudiosos que el celtíbero es una lengua indoeuropea de la familia lingüística céltica. Es celta continental, como el galo, pero constituye un grupo dialectal totalmente al margen de éste, que está por otra parte, muy próximo al britónico, una de las dos variedades del celta insular (siendo la otra el goidélico). Es celta "Q", es decir, comparte con el goidélico el arcaísmo de mantener inalteradas las labiovelares sordas del indoeuropeo. El britónico, el galo y el lepóntico del norte de Italia las han transformado en labiales.

 

Aunque la relación dialectal interna entre las lenguas de la familia se discute en el detalle, lo que nadie pone en duda es que el celtíbero comparte innovaciones evidentes con las demás. Rasgos lingüísticos como el anómalo de la pérdida de –p- en posición inicial e intervocálica que hemos de considerar conditio sine qua non para la consideración como céltica de una lengua.

 

En diferentes aspectos se aprecia que los hablantes de celtíbero se debieron alejar del resto de hablantes de celta en época particularmente temprana. Sin duda algo semejante sucedió también con los primeros hablantes de celta que llegaron a Irlanda. El protogoidélico, como el protoceltíbero, conserva arcaísmos particularmente llamativos. Si nos atenemos al criterio de las áreas laterales esto es particularmente razonable. En un continuum lingüístico, las innovaciones se producen en ondas concéntricas como cuando arrojamos una piedra en un charco. Cuando más alejados hacia los márgenes estemos, más difícil es que nos alcancen.

 

Juan Luis García Alonso

Titular de Filología Griega

Universidad de Salamanca

 

 

 

 

INDICE DE CONTENIDOS EN PELENDONIA.NET

 

 

 

 

¡HOLA! Soy Palomo, el mensajero...

 

 

 

  HISTORIA

   ÁMBITO TERRITORIAL

   LA LENGUA CELTÍBERA

   APUNTES Y CITAS

   BIBLIOTECA

 RELATOS  |  ACTIVIDADES  |  MAPAS  |  ENLACES | FORO de debate, contacto y opinión  | CLUB DE AMIGOS DE PELENDONIA