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"Estos dos pueblos, iberos
y celtas, en otro tiempo habían peleado entre sí por causa del territorio;
pero hecha la paz, habitaron en
común la misma
tierra; después, por medio de matrimonios mixtos, se estableció la
afinidad entre ellos y por esto recibieron un nombre común".
Diodoro de Sicilia,
Historia Universal, V, 33, 38
"Con estos estaban además
de los ejércitos latinos, el ardoroso astur, los ligeros vetones y los
celtas, evadidos del antiguo pueblo galo y que mezclan su nombre con el de
los iberos".
Marco Anneo Lucano (s. I
D.C.) La Farsalia, IV, 9, 10
"Vinieron también los
celtas asociados en su nombre a los hiberos"
Cayo Publio Silio
Itálico (s.I D.C.) Púnica III, 340
"Fueron los celtas quienes,
después de haber atravesado en un tiempo loe Pirineos, habitaron allí con
ellos (los iberos), por lo que surgió a partir de entonces el nombre de
celtiberos"
Apiano de Alejandría,
Iberia, 2 (s. II D.C.)
"Gloria de nuestra Hispania,
Liciano,
cuyo nombre enaltecen los
celtíberos,
¿Por qué me llamas hermano a
mí,
que desciendo de celtas y de
iberos
y soy ciudadano del Tajo?"
Marcial (n. Bilbilis),
Epígramas (c. 98 D.C.
"Dicen algunos que este
país (la Celtiberia) está dividido en cuatro partes, como hemos dicho,
mientras otros sostienen que son cinco partes. Pero es difícil lograr un
conocimiento exacto en estas cosas a causa de los cambios (de la
población) y por ser desconocidas estas regiones".
Estrabón (s.I D.C.)
Geografía, III, 4,9
"Digo que como según la
opinión de los antiguos Griegos las partes conocidas hacia el Norte se
llamaban por un solo nombre Escitas o Nómadas, como Homero, y más tarde,
cuando se conocieron también las partes hacia el Oeste, Celtas e Iberos, o
con nombre compuesto Celtíberos y Celtoescitas (comprendiéndose por
ignorancia los diferentes pueblos de cada parte bajo un solo nombre), así
todas las regiones del sur junto al Océano se llamaban Etiopía".
Estrabón (s.I D.C.)
Geografía, I, 2,27
"Los celtas, que hoy se
llaman celtíberos y berones..., los berones tomaron parte en la
inmigración céltica"
Estrabón (s.I D.C.)
Geografía, III, 4,5 y III, 4,12
“Los celtiberos consideran
un honor morir en el combate y un crimen quemar el cadáver de un guerrero
así muerto, pues creen que su alma remonta a los dioses del cielo al
devorar el cuerpo yaciente el buitre”
Silio Itálico “Punicas”
3, 340,343
“En cuanto a las armas
algunos celtiberos usan escudos ligeros como los galos y otros circulares
(...) Sus espadas tienen doble filo y están fabricadas con excelente
hierro, también tienen puñales de un palmo de longitud. Siguen una
practica especial de fabricación de sus armas pues entierran laminas de
hierro y las dejan así, hasta que con el curso del tiempo el oxido se ha
comido las partes mas débiles quedando solo las mas resistentes (...). El
arma fabricada de esta forma descrita corta todo lo que pueda encontrar en
su camino, pues no hay escudo, casco o hueso que pueda resistir el golpe
dada la extraordinaria calidad del hierro (..)
Diodoro de Sicilia 5,
33
"Los celtiberos, sus
vecinos en otros tiempos (...) este pueblo suministra a la guerra no solo
una excelente caballería, sino una infantería que sobresale por su poder y
resistencia: Usan ásperos sayos negros, cuya lana recuerda la piel de las
cabras".
Diodoro 5, 33
"También va a él (Convento
Cluniense) los pelendones, celtíberos, con cuatro pueblos, de entre los
cuales fueron famosos los numantinos... Los arévacos recibieron su nombre
del río Areva. Tienen seis oppida, que son: Secontia, Uxama, Segovia, Nova
Augusta, Termes y la mima Clunia, límite de la Celtiberia".
Plinio el Viejo (m. 79
D.C.) Historia Natural, III, 23 y 27
El río Durio, de los más
grandes de Hispania, que ha nacido entre los pelendones y ha pasado cerca
de Numantia y luego corre por entre los arévacos y los vacceos".
Plinio el Viejo (m. 79
D.C.) Historia Natural, III, 112
"Bastante habéis perseguido
rebaños por los montes de la Lusitania y la Celtiberia sin ver por ello
ninguna recompensa de tantos peligros y fatigas; tiempo es ya de que
hagáis una guerra más rica y provechosa y consigáis el premio a vuestro
trabajo".
Tito Livio (s. I D.C.) Guerras
púnicas, 218 A.C.
“Todos los habitantes de
la montaña son sobrios; no beben sino agua, duermen en el suelo, llevan
cabellos largos al modo femenino, aunque para combatir se ciñen la frente
con una banda. Comen principalmente carne de cabrón; a Ares sacrifican
cabrones, cautivos y caballos; suelen hacer hecatombes de cada especie de
víctima, al uso griego, y por decirlo al modo de Píndaro inmolan un
centenar. Practican luchas gimnásticas y políticas e hípicas,
ejercitándose para el pugilato, la carrera, las escaramuzas y las batallas
campales. En las tres cuartas partes del año no se nutren sino de bellotas
que, secas y trituradas, se muelen para hacer el pan, el cual puede
guardarse durante mucho tiempo. Beben sitos y el vino, que escasea, cuando
lo obtienen se consume enseguida en los grandes festines familiares. En
lugar de aceite usan manteca. Comen sentados sobre bancos construidos
alrededor de las paredes, alineándose en ellos según las edades y
dignidades; los alimentos se hacen circular de mano en mano; mientras
beben, danzan los hombres al son de flautas y trompetas, saltando en alto
y cayendo en genuflexión…
En el interior, en lugar
de moneda practican el intercambio de especies o dan pequeñas láminas de
plata recortadas. A los criminales se les despeña, a los parricidas se les
lapida sacándoles fuera de los límites de la patria o ciudad. Los
enfermos, como se hacía en la antigüedad entre los asirios, se exponen en
los caminos para ser curados por quienes han sufrido la misma enfermedad.
Antes de la llegada de Bruto no tenían más que barcas de cuero para
navegar por los estuario y lagunas del país… Así viven estos montañeses
que, como dije, son los que habitan el lado septentrional de Iberia; es
decir: los galaicos, astures y cántabros, hasta los vascones y el Pirineo,
todos los cuales tienen la misma forma de vivir. Podría hacer una lista de
pueblos más larga, pero renuncio a una descripción aburrida, pues a nadie
le agradaría oír hablar de los pleatauros, bardietas, alotrigos y otros
nombres menos bellos y más ignorados.”
Estrabón, 3, 3, 7
“Se cuenta, por ejemplo,
que en las guerras de los cántabros, las madres mataron a sus hijos antes
de permitir que cayesen en manos de sus enemigos. Un muchacho cuyos padres
y hermanos habían sido hechos prisioneros y estaba atado, mató a todos por
orden de su padre con un hierro del que se había apoderado. Una mujer mató
a sus compañeras de prisión. Un prisionero, que estaba entre los
guardianes embriagados, precipitóse en la hoguera. Todos estos rasgos se
cuentan también de los pueblos celtas, tracios y escitas; como es cosa
común entre ellos, la valentía, no sólo en los hombres, sino también en
las mujeres. Estas cultivan la tierra; apenas han dado a luz, ceden el
lecho a sus maridos y los cuidan. Con frecuencia paren en plena labor, y
lavan al recién nacido inclinándose sobre la corriente de un arroyo,
envolviéndole luego…Tales rasgos denotan cierto salvajismo en sus
costumbres; mas otros, sin ser propiamente civilizados, no son, sien
embargo, salvajes. Así, entre los cántabros es el hombre quien dota a la
mujer, y son las mujeres las que heredan y se preocupan de casar a sus
hermanos; esto constituye una especie de ginecocracia, régimen que no es
ciertamente civilizado…”
Estrabón, 3, 4, 17-18
“Las raíces tintóreas
abundan: el olivo, la vid, la higuera y otras plantas semejantes crecen
cuantiosas en las costas ibéricas que bordean nuestro mar, y también en
las del exterior. En cambio, las costas septentrionales ribereñas al
océano, carecen de ellas a causa del frío; en el resto del litoral, más
que por negligencia de los hombres, que viven sin preocupaciones, porque
dejan transcurrir su vida sin más apetencia que lo imprescindible para la
satisfacción de sus instintos brutales. Si no se quiere interpretar como
régimen confortable de vida el que se laven con sus orines guardados
durante algún tiempo en cisternas, y que tanto los hombres y las mujeres
de estos pueblos se froten los dientes con ellos, como hacen, según dicen,
los cántabros con sus vecinos. Esto, y el dormir en el suelo, en común…
Propio de los iberos y los celtas. Según ciertos autores, los galaicos son
ateos, más no así los celtíberos y los otros pueblos que lindan con ellos
por el Norte, todos los cuales tienen cierta divinidad innominada a la que
en las noches de luna llena, las familias rinden culto danzando hasta el
amanecer, ante las puertas de sus casas. Los vettones, que fueron los
primeros que compartieron con los romanos la vida de campamento, viendo
una vez a ciertos centuriones ir y venir en la guardia, paseándose,
creyeron que se habían vuelto locos y quisieron llevárselos a sus tiendas,
pues no concebían otra actitud que la de estar sentados o combatir.”
Estrabón, 3, 4, 16
“De las cuatro naciones
en que están divididos los celtíberos, la más poderosa es la de los
arévacos, que habitan la región oriental y meridional y son limítrofes con
los carpetanos y vecinos de las fuentes del Tagos. La más famosa de sus
ciudades es Numancia, cuya virtud se mostró en la guerra de veinte años
que sostuvieron los celtíberos contra los romanos; luego de haber
destruido varios ejércitos con sus jefes, los numantinos encerrados tras
sus murallas, terminaron dejándose morir de hambre, a excepción de los
pocos que rindieron la plaza. Lo lusones, que pueblan la parte oriental,
confinan también con las fuentes del Tagos. De los arévacos son las
ciudades de Segeda y Palantia. Numancia dista unos ochocientos estadios de
Cesaraugusta que, como hemos ya dicho, se alza en la orilla del Iber.
Tanto Segóbriga como Bílbilis, son ciudades de los celtíberos. Polibio, al
hablar de los pueblos vaceos y celtíberos y de las localidades que les
pertenecen, cita entre otras ciudades las de Segesama e Intercatia, pues
la naturaleza del país no es apta para dar vida a un gran número de
ciudades, siendo como es sumamente mísera, de una situación excéntrica y
de un aspecto inculto; por otra parte, ni el género de vida de sus
habitantes, ni sus actividades (excepto, naturalmente, las ciudades sitas
sobre la costa de Nuestro Mar) dan pie a ello. Los pobladores de las
aldeas son salvajes y así son también la mayoría de los iberos; las
ciudades mismas no puden ejercer su influjo civilizador cuando la mayor
parte de la población habita en los bosques y amenazan la tranquilidad de
sus vecinos.”
Estrabón, 3, 4, 13
“Entre los pueblos
limítrofes de los celtíberos, uno de los más adelantados es el de los
vaceos; estas gentes reparten anualmente las tierras que poseen entre sus miembros,
distribuyendo las cosechas de acuerdo a las necesidades de cada cual y
condenando a muerte a quienes ocultan o guardan para sí lo que no les
corresponde…”
Diodoro de Sicilia, 5, 34
"Los vacceos, pueblo del
occidente, ultrajan a los cadáveres de los muertos por enfermedad, ya
que consideran que han muerto deforma cobarde y mujeril, y los entregan
al fuego. En cambio, a los que han perdido le vida en combate los
consideran nobles, valientes y dotados de valor, y en consecuencia, los
entregan a los buitres porque creen que éstos son animales sagrados."
Eliano
“… Los celtíberos
suministran para la lucha no sólo excelentes jinetes, sino también
infantes que destacan por su valor y capacidad de sufrimiento. Están
vestidos por ásperas capas negras, cuya lana recuerda el fieltro. En
cuanto a las armas, algunos de ellos llevan escudos ligeros similares a
los de los celtas, y otros grandes escudos redondos del tamaño del aspis
griego. En sus piernas y espinillas trenzan bandas de pelo y cubren sus
cabezas con cascos broncíneos, adornados con rojas cimeras. Llevan también
espadas de doble filo, forjadas con excelente acero, y puñales de una
cuarta de largo para el combate cuerpo a cuerpo. Emplean una técnica
particular en la fabricación de sus armas; entierran piezas de hierro, y
las dejan oxidar durante un tiempo, aprovechando sólo el núcleo, de forma
que obtienen, mediante nueva forja, espadas magníficas y otras armas. Un
arma así fabricada corta cualquier cosa que se encuentre en su camino, por
lo que no hay escudo, casco o cuerpo que se resiste a sus golpes, por la
excepcional calidad del hierro. Son muy hábiles en luchar de dos modos
diferentes: primero atacan a caballo y, en caso de ser rechazados,
desmontan y atacan de nuevo como soldados de infantería. Según sus normas
habituales son extremadamente crueles con los criminales y enemigos,
aunque con los forasteros son compasivos y honrados; los forasteros que
vinieron a vivir entre ellos, todos los invitaron a parar en sus casas,
rivalizando entre ellos para prodigarles hospitalidad, y los extranjeros
que fueron atendidos por éstos, los elogiaban y los consideraban amigos de
los dioses… En cuanto a su alimentación, se sirven de toda clase de
carnes, que abundan entre ellos, y como bebida poseen una combinación de
vino y miel…”
Diodoro de Sicilia, 5, 33-34
(Referido a
pelendones, resquicios de la primera oleada celta):
Son, según Estrabón, “el tipo auténtico
del guerrero: resistente, pugnaz, superior al hambre y la fatiga, amantes
de su libertad, insensibles al calor o al frío. En ciertas épocas del año
se alimentan de bellotas, secándola y moliéndola. Fabrican bebida de
cebada y, mientras beben, bailan al son de la gaita y la flauta. Todos
visten de negro, con ásperas capas de lana. Trenzan en sus piernas bandas
de pelo y se cubren con cascos broncíneos. Usan espadas de doble filo y
puñales de una cuarta para el combate. Son ganaderos y pastores y, pese a
su fiereza, se muestran hospitalarios con los extranjeros, así como
inmisericordes con los criminales y parricidas”.
“La
raza a la que se llama hoy en su conjunto galática es apasionada de la
guerra, pronta a la cólera y a llegar a las manos, tosca de costumbres y
sin vicios. A la menor excitación corren al combate abiertamente y sin
mirar a derecha o izquierda, son así fáciles de vencer por quien quiera
combatirles a través de maniobra, no hace falta si no provocarles”
(referente a los galos)
Estrabón “Geografía” 4, 4, 2-3
“Los celtiberos cortan las cabezas de sus enemigos muertos en el
combate y las cuelgan de los cuellos de sus caballos"
Diodoro de
Sicilia 5, 9, 5
“Los celtiberos son crueles
en sus costumbres hacia los malhechores y enemigos pero honorables y
humanos con los extranjeros. Aquellos que llegan ante ellos los invitan a
detenerse en sus casas y disputan así por la hospitalidad".
Diodoro de Sicilia 5, 34
“Se dice que los mas valerosos son los belgas, nación dividida
en quince pueblos que viven al borde del océano...(...)"
Estrabón “Geografía” 4, 4, 3
"Los Druidas nada tienen
más sagrado que el muérdago y el árbol que lo porta, si se trata de un
roble."
Plinio
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